En los últimos días, un fenómeno cultural ha encendido la conversación pública más allá de los escenarios musicales: no se trata únicamente de un conflicto entre artistas, sino de una disputa simbólica sobre cómo la sociedad interpreta el amor, la paternidad y el poder narrativo.
Todo empezó con una canción urbana reciente que, más allá de sonar pegajosa, incluyó una línea polémica: "Contigo me caso a lo Christian Nodal". Esa frase —una alusión al rápido matrimonio del cantante mexicano tras una separación pública— no fue percibida por todos como simple irreverencia musical, sino como una romantización del abandono y la irresponsabilidad afectiva.
La respuesta de Julieta "Cazzu" Cazzuchelli
La rapera argentina Cazzu no se quedó callada. En un extenso texto publicado en Substack, desarmó esa narrativa y acuñó un concepto potente: "peneamor", lo que describe como un pacto cultural patriarcal que romantiza actitudes dañinas de los hombres como si fueran actos épicos de amor.
Para ella, estas letras no son inofensivas canciones de fiesta sino reflexiones de una complicidad social que ha permitido —y aplaudido— ciertos comportamientos masculinos. Su crítica apunta a que no es sólo quién abandona, sino la red que celebra ese abandono.
¿Por qué esto importa?
Cazzu no se limitó a hablar de su experiencia personal con el cantante mexicano Christian Nodal; amplió la discusión hacia cómo la sociedad suele tratar a las madres que crían solas, colocándolas en una posición de vergüenza, mientras exculpa o incluso glorifica a quienes abandonan sus responsabilidades.
Según ella, algo está cambiando: la condena social ya no se deposita automáticamente sobre la mujer, sino sobre quienes han evadido sus responsabilidades —padres ausentes incluidos— y quienes les han aplaudido por ello.
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El verdadero conflicto no es entre músicos
Lejos de ser un simple intercambio de declaraciones entre famosos, lo que está ocurriendo es un choque de narrativas:
Por un lado, la vieja guardia mediática y cultural —que tiende a suavizar o justificar comportamientos tóxicos masculinos.
Por el otro, una nueva generación que cuestiona esas narrativas y exige un enfoque más crítico y justo en cómo se relata el amor y la paternidad.
Para Cazzu, este cambio no es menor. Es político: implica que se deje de romantizar el abandono y se empiece a cuestionar por qué ciertas actitudes se convierten en música celebrada y no en objeto de crítica social.